4 nov. 2012

4. Amistad


     No la amo, y ella, menos a mí; además, yo tengo a Libertad, mi novia, con quien mantengo una relación desde hace poco más de tres años.  Sencillamente, a Julieta y a mí nos agrada conversar y sabernos íntimos, compartir una ínfima porción de nuestro tiempo. Echamos mano de la mutua confianza. Disfrutamos de nuestros escasos encuentros: una comida, una caminata, alguna visita al Centro de la Imagen o simplemente reunirnos en su casa. Nos gusta compartir  ese sabor que el fastidio deja en nuestras pupilas, ese dejillo magro. Nuestras palabras intentan encontrar en la conversación un camino para la expiación. Me gusta sentirla cerca de mí, percibir en sus prendas el aroma de la ciudad, mirar su falsa juventud.
     Aún mantengo mis dudas sobre el consentimiento que me dio Libertad: mantener alguno que otro encuentro sexual con una mujer mayor de 38 años, siempre y cuando utilice preservativo y no se lo platique a ella. Con Julieta únicamente he dormido aquella vez que después del concierto me quedé en su casa. De lo sucedido no me arrepiento. El éxtasis que experimenté esa noche en su habitación fue hermoso. Mi espíritu se conmueve con tu melancolía, Julieta. 
    
     Hoy es mes de mi cumpleaños, mayo de 2009. Julieta me invitó a una pulquería cerca de la estación del metro Zapata para celebrar mi aniversario; de las pocas que conozco es la mejor. Me agrada porque la frecuentan personas que, según yo, se conocen desde hace ya varios años. Incluso pudieran ser amigos desde la infancia. En su mayoría son hombres que rebasan los 45 años y se juntan para descansar y convivir mientras beben sabroso pulque, se echan un taco (chicharrón y frijoles esta ocasión) y juegan dominó o baraja. El ambiente en la pulquería es de total camaradería. Me gusta observar aquellos rostros cargados de años e imaginar todas las historias que sus recuerdos pueden contar.           
     Julieta invitó a un amigo suyo. Para cuando yo llegué, ellos ya estaban en el lugar. ¡Curioso! Ella estaba con un sujeto al que yo ya conocía, Bassó. Era mi antiguo compañero de aquel curso de francés que tomé en un Centro de Lenguas Extranjeras. Bassó es estilista y tatuador. Atiende principalmente a gente afecta a los distintos grupos suburbanos, para él lo más importante es el respeto a la diversidad. Resulta que él y Julieta mantienen una amistad desde hace aproximadamente 10 años, originada cuando Julieta acudió a su estudio para tatuarse una orquídea en el muslo.
     La pasamos muy bien… Julieta nos platicó un poco del libro que está leyendo: Los escritores invisibles de Bernardo Esquinca. Fue un libro el que provoco que nos conocieramos fuera de una tienda de ciclismo. 





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