18 nov. 2012

6. Para Libertad


   Existen ocasiones en que cierro los ojos, y la nostalgia es capaz de incomodar a mis pensamientos. La realidad parece enfermar de ausencia. Los recuerdos me causan fatiga. Han existido momentos, mientras hacemos el amor, que he querido contarte todo a detalle. Hablarte de Julieta. Platicarte los momentos que viví durante poco más de tres años con ella. Mi tristeza sobreviene por periodos que parecen extraviarse en el dédalo de mis ideas.
    Libertad, te confesaré todo de una vez. Romperé nuestro acuerdo acerca de no decirte que he dormido con otra mujer. Te platicaré de cómo encontré aquellos gatos, que a causa de tu alergia tuvimos que buscarles otro hogar. Tuve que reprimir mi melancolía, de nueva cuenta, cuando los dejamos en casa de mi amigo Israel. ¿Recuerdas sus hermosos nombres? Te dije que los nombré: Jena y Lata. Te mentí, pues sus oídos ya estaban habituados a esos nombres. ¿Te acuerdas que dije haberlos hallado, encerrados en una caja sellada con cinta canela, en un camión abandonado? Te mentí, pues los recogí afuera de la casa de Julieta mientras le maullaban a una puerta que jamás se volvería a abrir para ellos. En verdad deseaba que se quedaran en mi casa. Te dije que mi tristeza era por saber que existen personas malvadas que maltratan a los animales. En ese preciso momento también te mentí. Los gatos no eran las víctimas: lo fue mi amiga. Algunos humanos parecen obstinados en descubrir todos los medios posibles para escupirle a la vida y perpetuarse en un estado de miseria. Libertad, quiero que me abraces y me digas que no te molesta que te cuente esto, que me perdonas.
     ¿Te acuerdas de Bassó? Fue él quien me dio la maldita noticia, una noche que lo encontré en La UTA de la calle Donceles, de que a Julieta la encontraron sin vida en el interior de un automóvil. Sentí mucha culpa por haberme enterado meses después de su muerte. Han transcurrido dos años, y mis mudas palabras hacia ti han provocado un vacío en mi espíritu. ¿Te acuerdas de que el 2010 fue un año difícil en nuestra relación? Fue su muerte la responsable de mi desequilibrada conducta.
     Sentía un gran aprecio por ella.  Julieta –que hoy es únicamente un nostálgico recuerdo, una esquela mortuoria–  fue para mí una voluptuosa canción callejera que me entonó algunas de sus historias, que me susurró palabras amargas al oído. Solo fuimos amigos, cómplices en esta decadente ciudad.  
     Libertad, ya no puedo callar más. Necesito que tú también conozcas a Julieta. Tal vez me digas que parecía una buena persona.





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